Veinticinco años de rojo y blanco para aquella franciscana ‘hermandad de los jóvenes’

Luis Rossi
El 2010 es un año distinto; esto es algo que a ningún cofrade barbateño se le escapa. Y es que para esta Semana Santa que llega, son varias las peculiaridades que se dan en nuestra ciudad. Esta Semana de Pasión es la primera para la Junta Permanente que se creara hace unos meses. También es el primer año para la cuadrilla de cargaores que ha nacido bajo las faldas de la Hermandad de la Soledad y el Santo Entierro. Otras de las novedades es la intención solidaria con la que muchas de las cofradías y hermandades harán su estación de penitencia. Así, algunas de ellas han decido donar el dinero del exorno floral de sus pasos para las víctimas del terrible terremoto que asoló el pueblo de Haití. Otros, han decido realizar donaciones a los más necesitados de la propia localidad.

Pero si por algo se va a recordar el 2010, -dejando a una lado la carga de la Borriquita- es por la conmemoración de las Bodas de Plata de la cofradía más joven de nuestra Semana de Pasión. Una cofradía que allá por el 1985 se fundara como hermandad y que, con esfuerzo y trabajo, se ha convertido en una de las entidades religiosas más relevantes del panorama cofrade. Aunque son veinticinco los años que se cumplen desde aquella fecha, hay una historia, anterior y posterior, que refleja históricamente la corona de su escudo, cruzado por aquel cetro escenificado en una caña de bambú.

Eran los años 70 cuando en Barbate existían varias hermandades que realizaban sus salidas procesionales. Borriquita, Huerto, Medinaceli, Ardero, Cristo del Amor y Santo Entierro, llenaban las calles de incienso y pasión. Por aquellos años, un grupo de jóvenes franciscanos comenzaron a idear la posibilidad de crear otra hermandad para llenar el Lunes Santo.

En el entorno de la Parroquia de San José se trabaja con jóvenes para formarlos en la religión cristiana y el sentimiento cofrade. Así, un buen día, y aupado por los padres franciscanos, se funda en 1985 la entonces Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Ecce-Homo. Y su primer Hermano Mayor: José Doncel. Se encargó una talla de Cristo maniatado, azotado y humillado por la guardia romana de Poncio Pilatos.

 Dos símbolos debían ser patentes: la corona y la caña. Una corona, marca característica de un rey, en este caso de los judíos, y un cetro en la mano, expresando el poder del reino. El pasaje bíblico inspiraba al imaginero cañaílla, Alfonso Berraquero, que daba vida una talla magna de un cristo resignado a su propia suerte, no siendo pocos los viajes realizados hasta lograr la culminación total de la talla.

Y como todo llega, la hermandad se echó a la calle de la mano de la Cofradía de la Sagrada Oración del Huerto al año siguiente de su fundación, con la colaboración de la Hermandad del Medinaceli, quien aportó su antigua canastilla. Una hermandad copada por mucha juventud, de ahí que se le conociera como la ‘hermandad de los jóvenes’.

Y así lo haría hasta que la entidad creció y en 1988 ya contaba con la cotitular, María Santísima en su advocación de la Salud. Una virgen también de Berraquero y que se distingue por su mirada y su tez blanquecina.

Hacia San José
Pasan los ochenta y a principios de los noventa la cofradía viviría su consolidación en la Semana Mayor. Dos nombres encabezarían este avance, uno como Hermano Mayor, y otro como Director Espiritual, Basilio Valencia y el padre Rafael Fernández Aguilar. Aunque las puertas de San Paulino acogía las salidas procesionales, la parroquia de San José era la sede canónica y, por ello, el objetivo marcado era ‘subir’ al barrio obrero.

Mirando a Cádiz en forma y esencia, la cofradía - y vamos vacilando entre hermandad y cofradía, amén de por su historia, por las pocas diferencias que hoy en día existen entre estas dos terminologías- importa detalles que vienen a enriquecer la Pasión barbateña, como el pedir la venía antes de cada salida. Y, precisamente, coincidió con la llegada a la parroquia de San José, que tras unas obras realizadas en la misma, permitieron que en 1996 el Ecce-Homo pudiera salir de la iglesia de la zona Norte del pueblo.

Siguiendo su camino, en 1998 llegaría la adquisición de un nuevo paso de palio para la Salud. Una obra del orfebre sevillano Manuel de los Ríos y que llenaría de plata y luz la noche del lunes. También entonces, cada 14 de septiembre, día de la cotitular, se subía a la barriada de Fátima donde se realizaba unos rezos frente a la capilla.
 
Una cuadrilla
Para sacar los pasos a la calle son muchos los inconvenientes que aparecen y, junto con el acompañamiento musical, una buena cuadrilla se convierte en lo más preciado. Así, tras varias experiencias complicadas, Basilio Valencia no paró hasta conseguir crear una cuadrilla de cargaores para portar el Ecce-Homo, contando con jóvenes de la localidad. Corría el año 2000 y en la Semana Mayor siguiente se realizaría la primera salida. Una salida cargada de emociones y sentimientos, una salida que se vivió con fuerza e ímpetu, algo que con el tiempo, se convertiría en madurez y templanza. Una noche inolvidable con una subida a la conocida cuesta del Cojo Soler, recordada por muchos.

Y como la vida es una acumulación de experiencias, un negativo acompañamiento de la Virgen de la Salud haría que se tomara la decisión de cargar la cotitular de la cofradía, para navegar con la Salud como se merece. Pasión y alegría, que se convertiría en tristeza y llanto con el inesperado fallecimiento de Basilio Valencia. Una página negra del libro de la cofradía. Como muestra de su apuesta incondicional del recordado Hermano Mayor para con su cofradía y la Semana Santa barbateña, el pueblo le intentaba ‘agradecer’ con una plaza en la misma parroquia, en la misma salida de la cofradía, en la misma Casa-Hermandad (poco tiempo antes inaugurada)... Una salida complicada la de aquella primavera del 2004, donde todos los cofrades tocaron, junto a la Banda, ‘A esta é, Basilio’.

Pasando página
La vida continúa y la noria sigue girando, por ello Francisco Soler aceptaba la difícil tarea de dirigir la cofradía. Una cofradía que seguía mostrando en la calle, el buen hacer del trabajo realizado. Poco a poco fue incrementando su patrimonio, con donaciones de devotos y devotas, cegados por las potencias y la capa de Cristo y la blanca presencia con las doce estrellas de la Salud.



Hoy en día, la Venerable, devota y franciscana Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús del Ecce-Homo y María Santísima de la Salud, recorre las calles del Lunes Santo aportando el rojo y el blanco y cumpliendo veinticinco años de pasión, de caña, de corona de espinas, de puñal, de salud, de azahar... para el Señor de San José. Y de frescura propia de una entidad que nació siendo hermandad joven y que ahora es una cofradía madura y consolidada. ¡Qué se abran las puertas de San José, que el barrio espera a su Cristo y a su Virgen! Ecce-Homo y Salud, por veinticinco años... y por los que queda.

Texto publicado en Trafalgar Información en la Cuaresma de 2010












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