Crónica del Viernes Santo 2014

Soledad y Santo Entierro
Solemne sepelio en el regreso de la Soledad a San Paulino
Fotos y texto: Luis Rossi

Hacía como unos quince años que ‘la Guapa’ abandonaba la parroquia del Santo Patrón de Barbate. La meteorología quiso que el pasado año no se pudiera dar un hecho que, a buen seguro, quedará en las retinas de los que allí estuvieron, una noche de Viernes Santo, con el Amor y la Paz de cicerones. Un Viernes Santo que ha dejado de ser ese día de pasada para convertirse con los años en un punto clave más para la evolución de la Semana Santa barbateña. Para entender esto hay que remitirse a lo visto este año y resumirlo en tres aciertos.


Tras los actos protocolarios, con entrega de veneras incluidas para varios costaleros de la Asociación de Cargaores del Santo Entierro, así como para el capataz de la cuadrilla de la Peña Costaleros Nazarenos que se estrenaba, Antonio González, se procedió a formar el cortejo. Un cortejo sobrio y quizás sin muchos hermanos de hábito, una pena puesta que esta hermandad merece mucho más a tenor del trabajo llevado a cabo. No obstante,  hay muchos detalles dignos de elogiar. Caso de los muñidores, en este caso en femenino, que fueron abriendo paso por las calles llamando la atención con un toque de campana seco, anunciando la muerte. Primer acierto.

Comentaba las semanas previas el Hermano Mayor que no sabía cómo iba a caer la incorporación de la capilla vocal para acompañar a la Virgen y en momentos puntuales a Cristo Yacente. Entendemos que sus dudas ya se han disipado. Segundo acierto. Y es que la música sacra oída de una forma original a la que hasta ahora se ha escuchado, normalmente instrumental, le ha dado otro giro al asunto. Si bien se echa de menos la Banda para la Soledad, esto lo suple, al menos hasta que sea posible. Lo suple con creces además, a pesar de que la gente no respete el silencio que se debe crear, para dejarte llevar por la pasión musical que desprendían los tonos del cuarteto María Mater Deus. Incluso cuando al Santo Entierro se le oraba. Algo que recuerda aquellas primeras procesiones donde los fieles acompañaban a Cristo en el sepelio con cánticos de contriciones.

Tras el solemne paso por carrera oficial, que al igual que comentábamos con la Cofradía del Amor, también se podría imaginar en este caso con respecto a la oscuridad y el apagado de luminaria, el silencio no imperó como debiera al paso de la comitiva fúnebre. En la mayoría de los casos por el público expectante, en algún que otro caso por las propias cuadrillas. Quizás algo más experimentada la cuadrilla de la peña nazarena, a pesar de los cambios, que mantuvo en todo momento un recto paso, con orden y disciplina. La cuadrilla del Santo Entierro, prácticamente de estreno como costaleros –ya que el año pasado casi ni les dio tiempo por la lluvia- bien en líneas generales aunque se le nota la inexperiencia, máxime cuando tuvieron que enfrentarse al momento de más incertidumbre en San Paulino. Con todo, demostraron su buen hacer.

Llegamos al momento cumbre de la noche y quizás uno de los más bellos de la Semana Santa. Como apuntábamos al inicio de esta crónica, pasaban ya muchos años desde el traslado de sede canónica de esta Hermandad y se hizo un acto de lo más solemne, que llenó de escalofríos a los que se congregaron en el templo de San Paulino. Una iglesia que, cual seo o catedral, abría sus puertas para realizar una estación de penitencia en su oscuro interior, alumbrado sólo con velas y ante la imponente presencia del Cristo del Amor y María Santísima de la Paz. Fueron unos instantes al son de la capilla vocal y unas palabras del párroco Tomás Díaz, pero fue el tiempo justo para recordar vivencias, momentos, lugares y rincones de un templo y de unos fieles que sacaban, cada Viernes Santo, el Santo Entierro. 

Este momento no fue completo debido a la incertidumbre en la cruz a la que da la espalda la Soledad. Una cruz al que le costó entrar por el dintel, tras achicar el armazón del paso con unas patas preparadas para la ocasión, incluso con la ayuda del antiguo Hermano Mayor colaborando con la cuadrilla. Algo que pasó también en la salida por la puerta principal de la iglesia, donde el esfuerzo de los costaleros fue titánico. Digno de admirar. Pero merecía la pena vivir esos momentos de recogimiento. 

Tras todos estos instantes de tensión, todavía quedaba la subida de la cuesta de San Paulino y la recogida. Bien en el tramo final de una noche fría y algo desangelada por San José. Menos público de lo habitual, pero algo más respetuoso. La Guapa, hermosamente vestida, decía adiós sin precipitación alguna y cerraba una noche histórica para una Hermandad que ha encontrado el camino a seguir, donde se puede decir que la solemnidad y el buen gusto impera ya en la noche del Viernes Santo. 


 







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