Preludio: Una reflexión para iniciados en la carga


Preludio

Sudor frío, mente abierta
caña y espinas, luz de tinieblas
el corazón palpita, el amor se rejuvenece
el viento sale deprisa, y el espacio se vence.
Ya llega la hora, ha llegado sin más miramiento
un beso, un que vaya bien, ten cuidado
una madre se preocupa con remordimiento
para decirte que llega el día más que señalado
ese momento indescriptible de vivirlo,
inenarrable de contarlo en mil versos
Imposible de creerlo en mucho tiempo.
Porque hasta el sol esa tarde, se acuesta despacio
para poder arañar horas al firmamento
e intentar ver cómo se siente bajo el paso.


Los nervios, las risas, los miedos, los abrazos...
todo se va yendo en ese primer aplauso
y cuando, de fondo, la banda empieza a sonar
rompen las olas y el silencio reina sobre el mar
y ya en el templo no hay vuelta atrás.
Llega el momento, has soñado con este tiempo
pero no has tenido tiempo para soñar
porque el sueño viene ahora
cuando empieza la noche a despertar.

El capataz llama a la cuadrilla
con cuidado que van fuera las ruedas
el martillo que toca y poco a poco te colocas
el hombro toma su caricia primera
te agarras para saber lo que se siente,
y ahí es cuando te olvidas de repente
porque el viento se para y el calor se mece
tu corazón suena al compás de los latidos
de ese barco de madera que cruje
que canta al son del influjo de la luna
con sus caídas meciendo una cuna
que llora, que canta, que versa
que es poesía andante,
es amor de caminante
es clamor de sentimientos cofrades.

El templo se abre, el aire corre
suenan las campanas,
cientos de voces esperan la llegada
se escucha la banda, el himno sabe oficial
las plegarias andan, vas saliendo,
vas entendiendo este despertar.
Las luces que asoman, un niño que llora,
una abuelo que vigila, una hermana que suspira
un barrio que espera y no puede esperar más
Tu vista se nubla, pero hay voces que te guían
capataces que son los ojos de los de abajo
y los de abajo que escuchan al vocero,
una voz que suena a pregonero

Y sigue la banda
las piernas se ablandan
la quimera se hace carne
tu corazón marca constante
que ya estás fuera
la gente aplaude, la plaza espera
y no olvidarás nunca, por mucho que quieras
que ese día, esa noche de primavera
llevaste al monarca que más grande fuera
con su caña por cetro, su espinas por montera
paseando al señor del Ecce Homo por tu tierra
y a su madre Salud de gratia plena
sintiendo en tu hombro la pasión verdadera
que sólo se siente cuando cargas por vez primera.



Extracto Pregón al Cargador 2016

Luis Miguel Rossi Jiménez

Comentarios

Entradas populares de este blog

Detalle por el pequeño Gabriel en la procesión de Cristo Rey

El curioso relato de JJ Benítez sobre la Virgen de Fátima de Barbate