Opinión: El Pregón (y II)


Siempre pensé que soñar era fácil. Soñar con causas imposibles y anhelos inalcanzables que se recreaban en tu mente para seguir teniendo un halo de esperanza.


Os dejamos con la columna de opinión de Luis Rossi, pregonero de la Semana Santa de Barbate, publicada en VIVA BARBATE:

El PREGÓN (y II)

Siempre pensé que soñar era fácil. Soñar con causas imposibles y anhelos inalcanzables que se recreaban en tu mente para seguir teniendo un halo de esperanza. Lo que nadie me dijo que no, que soñar no es tan fácil como lo pintan. El pasado domingo 18 de marzo, quedará en mi retina como el día que más trabajo me costó soñar. Y no solo porque anduve deambulando por mi casa de pasillo en pasillo, entre la duermevela y las vistas a la alcoba de mis hijas. La tos de la mayor no le dejaba dormir, ni a ella ni a mí. 

Ese noche estaba marcada para que el texto que con tanto celo había creado durante tanto tiempo, permaneciera junto a la Salud en la parroquia de San José. No sin antes hacer una visita obligada a la Dolorosa para que allí me diera su bendición y poder decirle, en silencio, aquello de “Déjame Lolearte”. Sin embargo, el dolor lo tenía mi niña y la salud la necesitaba ella. Por tanto, no dudé en coger carretera y temporal para estar con ella. 

Una irresponsabilidad quizás como pregonero o como cofrade al no asistir a los cultos de mi hermandad, pero lo siento, como diría la folclórica, ante todo soy padre. Por eso, aquel pregón celosamente guardado esa noche durmió en una habitación lila, entre minions y Minni Mouse. Pero durmió con ellas. El que no dormí fui yo.

La experiencia de ser pregonero de la Semana Santa ha sido única en vida. Y no solo por el día 18, sino por todo el proceso de creación. El día que me lo anunciaron, el día que lo hicieron público, la Semana Santa que viví después, las ideas que iban y venían en la playa como las olas, levantarme de madrugada con algo que había soñado e ir corriendo a apuntarla, las dudas preguntadas a los amigos, la investigación y documentación, el que reposara en Carnaval para la posterior recta final… Todo ello es un proceso único e irrepetible que he podido vivir. 

El texto puede ser mejor o peor, se me han quedado muchas cosas en el tintero, pero estaba seguro que eso era lo que yo quería. Quería hacerlo tal cual, contento con el resultado, con independencia de lo que ocurriera el 18. Y pasó mucho más de lo que esperaba soñar. Al margen de mi puesta en escena del texto, en líneas generales todo salió a pedir de boca. 

La coordinación con los compañeros que estaban colaborando fue exquisita y supieron llevar el ritmo en todo momento: Rober,  Joaqui y al bueno de Márquez (parte indispensable para que todo se escuchara perfecto). La voz de mi amiga Nuria que se hizo no sé cuántos kilómetros, temporal incluido, por estar presente en su Barbate, al que le tiene un cariño especial. Junto con el acompañamiento de mis banderos Cordero y Traskuita cría. Dos imprescindibles. O compartir escenario con Mariló Malia y el joven –que le auguro muchos atriles más- Narci Corrales. 

Sin mencionar, porque para ello no tengo descripción posible, el poder recitar junto a mi padre. Gracias de corazón, porque aquel momento fue mágico. Gracias por tanto cariño mostrado antes, durante y después. Gracias porque si bien esa noche no dormí, luego soñé de la manera más hermosa que jamás podría imaginar. Y las campanas de gloria volvieron a sonar.

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