Y las campanitas se bautizaron con el azahar


Hay veces que es complicado distanciarse de la realidad para ver si lo que ocurre es producto de un estado quimérico o no. Eso debió pensar algún que otro hermano cofrade tras la recogida de la Cofradía del Lunes Santo. Lo cierto es que la noche acompañó desde la tarde. Cuando sobre las 20 horas empezaba la cruz de guía a asomarse por el dintel de la iglesia de San José.


Fotos: José Quinto y Juan Daza
La plaza Basilio Valencia, a rebozar de gente, esperando con los sones de la Agrupación del Cristo de la Clemencia de Jerez, un lujo para un Ecce Homo que llegaba estrenando su clámide, donación de un grupo de hermanos y hermanas, y bordada en el taller de la propia cofradía bajo la coordinación de Carmen González. 

La salida procesional iba dedicada a don Antonio Muñoz, más conocido como ‘Pana’, miembro de la Junta de Gobierno y fallecido el pasado año. Por tal motivo también lucía el misterio una vara de consejo, junto a un crespón negro. 

Los cargadores de ACHE ya formados y predispuestos a encarar su marcha a las órdenes de sus capataces y así fue como enfilaron las primera marcha, tras el himno. Caminando fue alejándose con paso firme por Cervantes, para, una vez presentado al pueblo, esperar a su madre. 

Y llegó ella, llegó la madre. Con un conjunto estético muy cuidado y con luciendo su manto azahar, así como una saya blanca y roja. Estrenando, entre otros elementos, los flamantes candelabros de cola, donados por un grupo de hermanos y hermanas, y que empezaron a llamar la atención pronto por el tintineo de sus 16 campanas (símbolo carmelitano). 
 
En la primera levantada ya empezó a sonar la banda, su banda, con Madre Hiniesta, para, toda vez que encuadraba el dintel, salir con la marcha real hacia las calles de Barbate. La Banda de Música de la Salud, su banda, impecable.  Cabe destacar, entre otros miembros del cortejo, la presencia de Víctor González, barbateño alférez de la Guardia Civil, y de Antonio Prieto, vicehermano mayor de la Cofradía del Ecce Homo de Cádiz. El palio fue un año más escoltado por el cuerpo de acólitos de la Salud, eso décimo acompañamiento.

Entre otras partes del recorrido, cabe destacar la fuerza con la que el emperador cruzó la avenida de la Mar, lugar donde se halla la Carrera Oficial, contrastando con el avance posterior por Calvo Sotelo y San Paulino. Un contraste identidad propia de una cofradía que sabe en qué lugar se halla en cada momento y de ahí que la subida de la cuesta del palio, por citar un ejemplo, este año quisieran que fuera más solemne si cabe: sonando Amarguras.
La recogido del Cristo, cuyos cargadores portaban una pegatina como símbolo de fuerza para la familia del pequeño Gabriel (más conocido como Pececito), contó con la presencia de un organista que interpretó una marcha a piano en el patio de San José. Ovación de los allí presentes para esperar a María. Que llegó con Cádiz Cofrade, para seguir con Mi Amargura y acabar cantando la Salve con la marcha del Alma mía, creada por Javier San José, director de la banda, su banda, de la Salud, que estrenaba, además, guión corporativo. 

Petalada, emociones contenidas, besos, versos y algunas que otra lágrima, pero sobretodo silencio, mucho silencio en la plaza para disfrutar de la despedida. Allí fue cuando el naranjo sembrado en San José quiso bendecir con sus flores los nuevos candelabros y sonó la voz de algún capataz y de algún pregonero conjugando azahar y campanitas con un mismo rezo: Salud. 
 
Lunes Santo que se cierra y ya espera la llegada de una nueva jornada. Las comparaciones son odiosas y por ende, no se debe entender esto como una competición. Sin embargo aquel que quiera compararse –parafraseando a un vocero- que venga.

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